El uso masivo de relojes inteligentes, anillos y aplicaciones que registran el sueño abre una nueva posibilidad para analizar los efectos del cambio de hora, según plantea Nicolás Caselli Benavente, director de Ingeniería Civil en Informática de la Universidad Andrés Bello.

Millones de personas utilizan actualmente estos dispositivos, que permiten registrar la duración del sueño, la hora de inicio, los despertares nocturnos, la frecuencia cardíaca y los niveles de actividad física a lo largo del tiempo.

Caselli advierte que estos wearables no reemplazan una evaluación médica ni tienen la precisión de un estudio clínico. Sin embargo, sostiene que sí permiten observar tendencias durante periodos prolongados y comparar patrones de sueño antes y después de una modificación horaria.

Alteraciones cercanas a los 20 minutos

De acuerdo con el especialista, investigaciones recientes han identificado alteraciones cercanas a los 20 minutos en la duración del sueño durante las transiciones al horario de verano, con diferencias que varían según el cronotipo de cada persona.

"Hoy contamos con los datos de los wearables que pueden contribuir a una discusión pública más informada para cuando en 2027 finalice el decreto que establece la modificación horaria", señala Caselli.

El académico plantea que, para que esta información sea útil, se requiere un uso responsable de los dispositivos, que respete la privacidad de los usuarios y que reconozca las limitaciones de estos registros frente a un estudio clínico formal.

En este contexto, sugiere que podría ser el momento de incorporar los datos generados por estas tecnologías a la toma de decisiones sobre el futuro del cambio de hora en el país.

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